• Misionero de Cristo, SSCC, del “Primer Mundo”

    Ghana1Mi nombre es Álvaro Pérez Claros, y mi apodo africano, Ofrikpopo. Aproximadamente hace dos años volvía en un avión de otro país, otro continente y otra historia totalmente diferente y algo que no puedo llamar de otra forma más que una llamada del Padre. En enero de 2013 llegaba a Ashaiman, Ghana, para realizar una experiencia de voluntariado internacional, una experiencia de misión, en la Inspectoría Salesiana AFW (África Oeste Anglófona) formada por Ghana, Liberia, Nigeria y Sierra Leona.

    Antiguo alumno salesiano, miembro de los grupos de catequesis de post-comunión en los grupos del Movimiento Juvenil Salesiano, para acabar más tarde como catequista y monitor en el mismo, mi vida se vio marcada por el plan salvífico de Dios, por la adhesión a una obra tan inmensa y cabal como es la de Don Bosco y por el cuidado que siempre me ha brindado mi otra madre, María Auxiliadora, que ya velaba por mí desde que iba en el vientre de mi madre.

    Y es que todo este proceso ha sido el que me llevó a sentarme cara a cara ante el Padre y, prácticamente sin poder sostenerle la mirada ni un instante, me atreví a responderle SÍ a un llamamiento, a una semilla que Él mismo puso en mi corazón hace mucho tiempo y así lo dejara todo para seguirlo y seguirlo en mis hermanos más pobres. Es en aquel “sí” donde habría de hablarme.

    Durante los 7 meses en Ghana y otro más en Freetown, Sierra Leona, mi tarea ha sido, por un lado, colaborar como ingeniero en el desarrollo del estudio de audio y vídeo inspectoría en la parte de sonido. Allí he ayudado a terminar de poner en marcha lo que será un cauce de desarrollo educativo, cultural y económico para los chavales de aquella zona; Y por otro, mi segunda tarea ha sido aquello que más orgullo me hace sentir: ejercer de educador salesiano. Esto último, para aquellos que no conocen bien el carisma salesiano y todo lo que implica, puede ser difícil de entender pero tener que explicarlo me ayudará también a resumir brevemente qué hace un misionero salesiano en aquellas y otras tierras. Y no es otra cosa que ser cauce y portador, de cariño, de confianza, de esperanza y alegría, de razón y de optimismo para los demás, para los jóvenes y, en especial, para los más desfavorecidos y desamparados. Es estar cerca, entender y sufrir con ellos, ser testigo y prueba visible del inmenso amor de Dios por sus hijos. Un salesiano materializa la misericordia de Dios por sus pequeños ayudando a que esos jóvenes construyan su vida cimentada en Su amor y en los valores del evangelio, ayudando a alcanzar lo que San Juan Bosco quería para sus chavales: “Buenos cristianos y Honrados ciudadanos”. Es por ello que la presencia salesiana en AFW consta, aparte de parroquias, oratorios, centros juveniles, escuelas y talleres de formación profesional; de casas de acogida y centros para niños y niñas de la calle.

    Ghana2Podría contar tantas cosas, tantas anécdotas, tantos detalles de una tierra tan diferente. Han sido tantas las imágenes que se han grabado ya por siempre en mi mente y corazón que es difícil decantarse por alguna. Se trata aquella de una tierra tan rica en significados, en valor por la vida, en respeto al mayor, en unión a la tierra, en sentido trascendental de la existencia, en valores como la acogida, la esperanza, el compartir o la propia alegría. Y es que ahora, a toro pasado como dicen, es que me doy cuenta que el que ha sido cambiado, el que ha sido evangelizado, soy yo y que quizás mi apostolado empezó cuando pisé de nuevo España. Ahora, tan unido a mis hermanos y a Jesús, descubro que no hay más sentido que el Amor y quizás los del “norte” hemos sido quienes hemos perdido el norte. Dicen que Europa es ahora la tierra de misión y creo que están en lo cierto.

    Me decía uno de los sacerdotes: “Qué bonito apostolado podrás estar haciendo a tu familia y a tu comunidad en Málaga. El más pequeño de tu casa transmitiendo este mensaje tan enorme a los suyos”. En ese sentido, y aunque pueda sonar algo místico, tengo claro que la misión que llevé a cabo en África, y no sólo allí sino en todos mis días, es una especie de deber hacia los míos y es como un completar una obra que no me pertenece a mí sólo, sino a toda mi familia y a mi comunidad. Mi deber es hacia una obra de mi familia, mi Comunidad Salesiana de Málaga, la Familia Salesiana de Málaga, de la que forman parte mis queridos Salesianos Cooperadores y mi amada Hermandad Salesiana. A todos y cada uno de ellos les guardo un inmenso y profundo sentimiento de agradecimiento. “Quizás tú sólo has tenido el coraje pero muchos otros hayan querido dar un paso similar”, también me decía ese sacerdote. Eso evidentemente se me escapa pero el haber sido sincero conmigo mismo, a pesar de poder llegar a ser algo extraño a ojos de los demás y/o a ojos de la sociedad, es algo que uno debe hacer… al fin y al cabo, el que tiene que lidiar con la almohada cada noche es uno mismo.

    Añadir además que, paralelamente, mi proceso de discernimiento vocacional se vio iluminado por toda esta experiencia y tuve la gran suerte de descubrir una vocación, que es un don precioso, con el que el Padre una y otra vez me demuestra cuánto me quiere, pudiendo hacer la promesa como Salesiano Cooperador del Centro de Málaga ese mismo año.

    Sólo puedo concluir que es en hacer la Voluntad de Dios, por encima de los miedos y por encima de los egoísmos, donde reside la felicidad plena, donde uno encuentra el agua viva que sacia toda sed. No en irse a África sino en decirle sí a aquello que Dios tiene preparado para cada uno. Sólo hemos de estar atentos, con un espíritu humilde y dócil y abrir nuestro corazón a un fuego que arde pero que no lo consume, un fuego que viene a cambiar todo nuestro ser y unirlo a los demás y a Dios en amor. Quizás yo haya sido muy torpe y haya tenido que ir a otro continente a entenderlo, pero bendigo y bendeciré al Padre todos los días de mi vida porque no cabe en mí tanto que me ha dado aquella “Tierra Santa” llamada África.

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    La canción de las personas – Tolba Phanem

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