• Una vida apasionante

    “Sí, quiero”, “Prometo”… Entre respuesta y respuesta veía las caras de emoción de mis familiares y amigos. La catedral estaba llena. Los nervios de las horas previas habían desaparecido. Entonces tuve una sensación increíble. Una especie de certeza interior me aseguraba que Dios había conducido mi vida hasta ese momento.

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  • ¿Cómo lo ves?