Asunción de la Virgen María

Oda a la Asunción

Al cielo vais, Señora,

y allá os reciben con alegre canto.

¡Oh quién pudiera ahora

asirse a vuestro manto

para subir con vos al monte santo!

Lecturas de la liturgia

  • Primera Lectura: Apocalípsis 11, 19a; 12, 1-6a.10ab
    “Una mujer envuelta por el sol, con la luna bajo sus pies”

    Entonces oí en el cielo una voz poderosa que decía:
    «Ya está aquí la salvación y el poder y el reinado de nuestro Dios, ya está aquí la autoridad de su Mesías».

  • Salmo Responsorial: 44
    “De pie, a tu derecha, está la reina”

    Escucha hija, mira y pon atención; olvida tu pueblo y la casa de tus padres.
    R. De pie, a tu derecha, está la reina.

    Has cautivado al rey con tu hermosura; él es tu Señor, inclínate ante él.
    R. De pie, a tu derecha, está la reina.

    En medio de festejos y cantos, entran en el palacio real.
    R. De pie, a tu derecha, está la reina.

  • Segunda Lectura: I Corintios 15, 20-27a
    “Resucitó primero Cristo, como primicia; después los que son de Cristo”

  • Evangelio: Lucas 1, 39-56
    “Ha hecho en mí grandes cosas el que todo lo puede. Exaltó a los humildes”

     Por aquellos días, María se puso en camino y fue de prisa a la montaña, a una ciudad de Judá. Entró en la casa de Zacarías y saludó a Isabel. Y cuando Isabel oyó el saludo de María, el niño saltó en su seno. Entonces Isabel, llena del Espíritu Santo, exclamó a grandes voces:

    «Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre. Pero ¿cómo es posible que la madre de mi Señor venga a visitarme? Porque en cuanto oí tu saludo, el niño saltó de alegría en mi seno. ¡Dichosa tú que has creído! Porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá».
    Entonces María dijo:
    «Mi alma glorifica al Señor, y mi espíritu se alegra en Dios mi Salvador, porque ha mirado la humildad de su sierva. Desde ahora me llamarán dichosa todas las generaciones, porque ha hecho en mí cosas grandes el Poderoso. Su nombre es santo y su misericordia es eterna con aquellos que lo honran.
    Actuó con la fuerza de su brazo y dispersó a los de corazón soberbio. Derribó de sus tronos a los poderosos y engrandeció a los humildes. Colmó de bienes a los hambrientos y a los ricos despidió sin nada.
    Tomó de la mano a Israel, su siervo, acordándose de su misericordia, como lo había prometido a nuestros antepasados, en favor de Abrahán y de sus descendientes para siempre».
    María estuvo con Isabel unos tres meses; después regresó a su casa.

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