BICENTENARIO MARIANISTA: MEMORIA, GRATITUD Y DESAFÍO

En mayo de 2016, comenzaba para la vida religiosa marianista un tiempo de remembranza. Quienes compartimos vida consagrada marianista, religiosas y religiosos, quisimos vivir juntos la alegría de nuestra fundación hace ahora 200 años. El 22 de enero de 2018, fiesta del Beato Guillermo José Chaminade, pone fin a estos casi dos años de celebración jubilar.

Un tiempo rico para la memoria, recordando a aquellos que en las circunstancias de su momento histórico se dejaron llevar por el Espíritu y configuraron comunidades en que vivir el seguimiento de Jesús. La fe siempre se muestra encarnada y para nosotros tiene el rostro de una joven llamada Adela de Trenquelléon y un sacerdote francés, misionero incansable, que respondía al nombre de Guillermo José Chaminade. El encuentro de ambos a medio camino entre Agen y Burdeos fue la chispa que como dice la Escritura, prende en el cañaveral. Ese fuego sigue brillando hoy en el horizonte de hombres y mujeres, consagrados a Dios, al servicio de María, para encender por todas partes la antorcha de la fe.

Hemos hecho memoria de nuestros comienzos en aquellos años en que el mundo estaba cambiando. Una nueva era se inauguraba con la Revolución Francesa y la fe, los hombres y mujeres de fe, su misión, las estructuras de Iglesia, la manera de estar presentes en el mundo, también tenían que cambiar: “Nova bella elegit Dominus”. El Señor elige nuevas batallas. El vino del evangelio, se vierte en odres nuevos, porque los antiguos ya no sirven para contenerlo, ni para ofrecerlo. Y hemos rememorado cómo nuestra misión universal encontró un medio privilegiado para la evangelización en la educación cristiana de niños y jóvenes. Por eso, a todos los educadores de los colegios marianistas hemos querido acercarle una figura y a una obra que pertenece al tesoro de nuestra tradición: Pablo José Hoffer y su Pedagogía Marianista. Con mimo, hemos reeditado esta obra que compendia la sabiduría, experiencia y saber hacer de tantos religiosos marianistas que consagraron su vida a la educación. Los profesores de nuestros colegios han recibido en actos preparados con mimo, esta edición cuidada de un libro con el que hemos querido poner en sus manos el tesoro carismático de nuestra misión educativa.

Hacer memoria de nuestra historia y pasado, contemplarla con reconocimiento nos lleva a situarnos en el presente con gratitud. Y no podemos dejar de dar gracias no solo por quienes están en nuestros orígenes, sino por el torrente de hombres y mujeres que han entregado sus energías a un proyecto espiritual y misionero al servicio de la Iglesia y de tantas personas que lleva en su corazón la semilla de la fe plantada por tantos marianistas. Ellos y ellas en su humildad, son “pueblo de santos”. Algunos reconocidos públicamente por la Iglesia por la entrega de su vida hasta el derramamiento de su sangre. Otros en la discreción de sus vidas en comunidad, de su dedicación a los alumnos, de su servicio al pueblo de Dios, han dejado a su paso la transparencia de la bondad de Dios en los lugares concretos donde se ha encarnada la misión de los religiosos y religiosas marianistas.

Con todo, la celebración del bicentenario fundacional de nuestros dos institutos religiosos, las Hijas de María Inmaculada y la Compañía de María, no pueden ser solo memoria y gratitud, pasado y presente. El recuerdo, la alegría y la celebración nos pone, si no somos ciegos, ante un grandísimo desafío que lo es de toda la vida cristiana, de la vida consagrada y por tanto también de la vida marianista. A pesar del vigor misionero de nuestras obras y plataformas evangelizadoras en España, es un hecho cierto que nuestras comunidades están formadas por personas muy envejecidas que en la mayoría de los casos superan con creces los 70 años. Las comunidades de día en día son más pequeñas; nos cuesta mantenernos presentes en todos aquellos lugares en donde enraizó la vida religiosa marianista. Por otra parte, a pesar de la potente acción pastoral entre nuestros jóvenes, casi nadie decide dar un paso que implique la entrega de la totalidad de la vida a Dios en este camino concreto que llamamos vida consagrada. El futuro es sin duda desafiante. Podríamos decir: esto es cosa de Dios. Nos dio el ser, nos llamó, nos puso al servicio de la Iglesia. Sí, todo esto es cierto. Pero no es suficiente. El futuro, es decir, el sueño de Dios hecho realidad con la energía que Él mismo ha puesto en nosotros por su Espíritu, nos mueve a no cejar, a buscar caminos nuevos, a recrear nuestras vidas desde lo que somos y tenemos, a no lamentarnos por la frialdad y la distancia de la cultura y de las personas al impacto vivificante de la fe en Jesucristo sino a actuar con creatividad y constancia renovada.

Desde un punto de vista muy personal, considero que el bicentenario no ha sido una ocasión suficientemente aprovechada para contar y cantar el don que Dios nos dio al llamarnos a ser marianistas. Hay quien pensará que hemos tenido celebraciones de inauguración del bicentenario y las tendremos de clausura, hemos hecho peregrinar un icono con Chaminade y Adela acompañados de alguno de sus textos. Hemos vivido juntamente, religiosos y religiosas, la experiencia anual de ejercicios espirituales poniendo el foco en nuestro tesoro carismático. Muy bien pero no suficiente. En cualquier caso aún estamos a tiempo de poner nombre a nuestra situación en clave de desafío. Me atrevo a dar alguna pista.

Me parece muy interesante que hayamos querido subrayar lo específico de la vida religiosa en este tiempo de bicentenario, pero lo cierto es que forma parte de nuestro tesoro carismático el ser Familia Marianista: religiosas, religiosos y laicos. Y nuestro futuro, pasa por una vivencia más estrecha, intensa, compartida de quienes tenemos una misma fuente, una solo misión, una vida de fraternidad llamada a ser signo de que el Evangelio vivido en la pluralidad de vocaciones, con pasión, con proyectos compartidos, con espacios donde ser acogidos, crecer, ser acompañados y enviados a transformar la realidad, verdaderamente merece la pena.

Para dar respuesta a los desafíos que nos trae un futuro inmediato, tendremos que seguir abriendo las puertas de nuestras casas a quienes quieran beber de la fuente del encuentro con el Señor, de la experiencia de la vida fraterna y la misión compartida. Quizá se haga necesario establecer tiempos de vida compartida en nuestras comunidades. El hermano Roger de Taizé, al referirse a su comunidad decía: Taizé es como una fuente. Las personas pasan, beben, calman su sed y prosiguen el camino. ¿Podremos los religiosos marianistas ofrecer desde lo que somos, sencillos y limitados hombres y mujeres consagrados a Dios ocasión para el encuentro con El y para vivir la fraternidad que se nos ha dado como regalo? Apostaría por este camino que mana de la esencia misma de la vida consagrada: hospitalidad, oración común, acompañamiento espiritual… ¿Puede ser una nova bella?

El futuro es desafiante. El bicentenario puede ser vivido entre nosotros como un epílogo, como quien escucha a los músicos del Titanic ejecutando la música de un trágico final. O bien puede ser ese susurro que nos llega desde el mismo corazón de Dios y que nos recuerda su presencia en medio de nosotros, la densidad del don que puso en manos de aquellos que nos precedieron con el signo de la fe y que hoy está en las nuestras. Un don para recrear, hacer fructificar y ofrecer desde lo que somos y tenemos, con el lenguaje de nuestro tiempo, sin miedo a innovar, a apostar, a arriesgar. El bicentenario puede ser un punto de inflexión para resituarnos de nuevo como religiosas y religiosos en la Familia Marianista y en el nuevo escenario cultural y eclesial que nos ofrece este mundo global que nos toca vivir. Brindo con todos vosotros y por todos vosotras, hermanos y hermanas.  María nos sigue diciendo, hoy como ayer, “todo lo que él os diga, HACEDLO”. Con la seguridad puesta en su palabra, comencemos a recorrer todos los años que queden por delante, con la determinación de quienes ha sido agraciados con tomar parte en la más hermosa misión vivida en fraternidad.

Rafael Iglesias, sm

Un solo corazón from Hagase on Vimeo.

 

 

Share Button

¿Cómo lo ves?