De princesas y otros cuentos

De princesasDe princesas

Hace 11 años que la conocí en la prisión de Castellón. El tiempo no pasa en balde y poco a poco ha ido dibujando en su rostro, ahora maltrecho por el paso de la droga en su vida, los pómulos marcados de la que se ha alimentado poco y las ojeras de aquella que pasó mucho tiempo montada a “caballo”, soñando con ser una nueva “heroína”, o la princesa de un cuento, que de niña, fue escribiendo para evadir los miedos que la intimidaban. Es lo que le pasa a las princesas. Son frágiles.

Sigue siendo coqueta. Hoy está guapa, se ha vestido con sus mejores galas. Se ha pintado los ojos, se ha puesto la mejor ropa, las joyas que aún conserva, y luce un tatuaje en la frente, de esos que llevan las princesas de oriente, de esos que significan no sé qué de la realeza.

Está nerviosa. Esta mañana ha entrado en la Eucaristía del módulo de mujeres. No suele entrar. Hoy es un día especial. Es su día de libertad.

Ha estado graciosa. En las peticiones ha pedido quedarse embarazada. Nos hemos reído, pero intuyo de que tras esa “caprichosa” petición hay una realidad mucho más dura. Lleva años deseando sentirse amada, sentirse valorada, acariciada…. ¡ha deseado tantas veces sentirse querida!

Ha llegado el momento. Celebrando aún la Eucaristía la ha llamado la funcionaria para irse en libertad. Allí delante de todos ha dicho que esperara un poco que la misa no había acabado. Nos ha extrañado. Se ha aferrado a este momento “espiritual” para pedir con todas sus fuerzas al buen Dios que no la deje sola ahora que tiene que enfrentarse a la calle. La he visto mucho rato con los ojos cerrados y esta vez no era por la metadona. La he visto llorar. Me invade un extraño sentimiento de alegría y miedo. Alegría porque ha llegado para ella un momento tantas veces deseado; miedo porque no sé cuánto tardaré en volverla a ver. Pido al Dios libertador de cautivos que no sea ella la que dé la razón a ese 65% de reincidencia. Es curioso. La cárcel es el único sitio donde el deseo no es “que te vaya bien, hasta pronto”, sino “mucha suerte, ojala no te vea más por estas casas”. Mis alegrías se cuentan por despedidas y no por reencuentros. ¡Qué contradicción!

Le hemos ayudado a hacer la selección de lo que podría llevarse. 11 años de cárcel ha dado para almacenar muchas cosas, muchos recuerdos. El preso se aferra a las cosas que tiene en el chabolo, ya que son su particular “reino”. 11 años da para mucho. ¡Fina! Es imposible que te puedas llevar todo eso.

Hemos almacenado casi todo, menos dos bolsas grandes, en el almacén del módulo de mujeres. Entre sus ropas no he visto nada que tenga que ver con las últimas 11 temporadas de moda en España. El valor de ese paquete reside sobre todo en una escultura pintada con pinturas Pajarita para su hermano que esta “to engachaó” y unos cuantos peluches que ha ido cosiendo en el taller de muñequería que con tanto cariño María y Carmen hacen con las internas. Lleva 5 o 6 peluches que ocupan gran parte de la bolsa. Me hacen imaginarme el reencuentro con los suyos. Y como va a ir regalando a su gente no solo el peluche sino, sobre todo, todo el cariño condensado en cada uno de ellos.

Salimos a la calle. Ritual de despedida. Siete pasos hacia atrás. ¡Bendita tradición!. La llevamos a la estación de tren. Hoy es 31 de diciembre. Hace días que tenemos el billete. Le doy todas las instrucciones.

Me quedo con la sensación de que hay cosas que no entiende. Intuyo que se siente perdida. No es de extrañar. ¡¡11 años en prisión!!, ¡¡ 8 de ellos en primer grado!!. Todo le parece grande y precioso. Sus ojos se abren como platos, quizás para que entre más luz en ellos. Los muros de la prisión, la falta de mirar al horizonte, van reduciendo la capacidad de visión.

Le compramos algo para comer, le doy dinero, el billete y se lo vuelvo a explicar todo. No podemos acompañarla a dónde va. Nos vamos de la estación con un sentimiento fuerte de tristeza. Fina no consiguió contactar con su familia. No sabemos si los encontrará al llegar. No sabemos cómo va a ser la bienvenida. No sabemos si se comerá las uvas con su familia esta noche, o si alguien la “amará” hoy. Me quedo intranquilo. Le doy mi número de teléfono.

Llevo todo la tarde preocupado. Esta noche ha sido comentario en mi cena de fin de año. Cuan incierta es la libertad a veces. Ojala puedas ser por fin esa princesa que tantos sueños ha ido bordando en ese ajuar particular que habla de deseos de libertad y de amor. No te dejes vencer por los miedos, ¡otra vez no!

No me ha llamado, ¿eso es buena señal?
Abrazos.

P. Ignacio Blasco, Fray Nacho.

http://www.fraynacho.com/

Canción. Ángel de libertad. Volver a ti, 2011. Fray Nacho.

Por eso busco un sitio, donde no existan barrotes, ni cadenas que me quieran encadenar. Donde no haya celdas, ni torturas que me quieran doblegar.
Vagando por un reino (3), de paz, de amor, de libertad…

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