«Él debe crecer y yo disminuir.» (Jn 3,30)

El Papa Francisco, en su Homilía en la fiesta de Juan el Bautista en el año 2013, nos decía que su fiesta coincide con los días más largos, los de más luz. Juan era el hombre de una luz reflejada, -no propia sino semejante a la de una luna-, que se empezó a desvanecer cuando Jesús comenzó a predicar. Su tarea era anunciar a Jesús, preparando los caminos para el Señor.

El mismo San Juan lo expresa con claridad dándonos un ejemplo de humildad al hablar de su propia misión: «Es necesario que Él crezca y yo mengüe». Fue un «hombre que se negó a sí mismo, para que la palabra» creciera. Por eso el Papa nos habla de una «Iglesia que escucha religiosamente la palabra de Jesús y la proclama con valentía»; «El modelo que nos ofrece hoy Juan» -insistió el Papa Francisco-, es el de «una Iglesia siempre al servicio de la Palabra».

En esta festividad, os acercamos una poesía del P. José Luis Martínez, sm en su blog:

Juan Bautista

Cual greñudo y piloso nazareno,
amigo de alimañas y de fieras,
piel de camello sobre cuerpo enjuto,
como hijo del ayuno y de la estepa,
Juan Bautista predica en el desierto,
-inhóspito desierto de Judea-
y anuncia la llegada del Mesías,
de quien es precursor y fiel profeta.
Y dice que se siente indigno siervo
de soltar sus sandalias y correas.

¡Allanad y hacer rectos los senderos;
preparad los caminos del señor,
porque a punto de llegar está el Mesías
y exige “metanoia”, conversión.
Los que esperáis ansiosos su llegada
del Mesías -Ungido del Señor-
purificad los cuerpos y las almas
en las aguas del Jordán y del perdón!

Y cuando aquel cobarde rey Herodes
mande un día te corten la cabeza,
y Salomé, danzante, se la sirva
en preciosa plateada bandeja,
todos verán, beodos y asombrados,
que tú aún sigues con la boca abierta
gritando la Verdad que nunca muere,
gritando la Verdad a boca llena.

¡Qué bien supiste, Juan, ser de Jesús
su precursor, testigo y fiel profeta!

Juan el Bautista. José Antonio Olivar / Javier Iturralde. Te doy mi amistad, 1978.

 

A la orilla de un rio un hombre predicaba
y hablaba de otro hombre que estaba por llegar.
Era Juan el Bautista. Era voz que gritaba
que llegaba la hora de la verdad.

Hubo un hombre enviado por Dios.
Era su nombre Juan.
Él no era la luz pero vino a preparar
los caminos que conducen a Jesús.

A todo el que quería conocer los caminos
que Dios recorre a diario hablando al corazón,
el Bautista le hablaba de amor y de justicia
porque estaba a las puertas el Salvador.

Hubo un hombre enviado por Dios…

Pero el hombre que hablaba de amor y de justicia
fue un día encarcelado por capricho de un rey.
Su cabeza cortaron, su voz siguió gritando
los abusos de un hombre en el poder.

Hubo un hombre enviado por Dios…

¡Muchísimas felicidades a todos los que celebráis vuestro santo en un día tan querido por nosotros!

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