«… En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo…» (Mt 28, 19)

En el nombre

Cuando hacemos la señal de la cruz nos estamos comprometiendo a actuar plenamente como hijos de Dios: En el nombre del Padre que nos ha creado, en el del Hijo que murió en la cruz por nuestros pecados, y en el del Espíritu Santo que viene en nuestra ayuda con sus frutos y dones.

Es un signo que repetimos y vemos hacer a diario. Aunque lo hacemos con devoción, conviene pararse a pensar en su gran significado: muestra y demuestra quién soy, aquello en lo que creo y que expreso como agradecimiento al que dio su vida por mí.

Tenemos un Dios que es Amor, un Dios trinitario, no como concepto lejano e inaccesible, nuestro Padre amoroso que a nadie excluye ni discrimina, recordándonos que todos somos misioneros y a todos nos compete la misión, la tarea de construir el Reino aquí y ahora.

Nuestra misión es tan simple como dificultosa: hacer discípulos, seguidores tuyos. Para conseguirlo, primero debemos aprender desde nuestra vida y experiencia personal a serlo auténticamente. No podemos contagiar si no lo sentimos, y mucho menos si no lo vivimos. Ese es el reto: aprender y enseñar a vivir desde ti y como tú lo hiciste. Aunque conoces todas nuestras dudas e inseguridades, confías en nosotros. ¿Confío yo en ti, en tu mensaje? ¿Practico el «estilo de vida de Jesús»?

holytrinityHoly Trinity. Sr Lucia Wiley. (1906-1998)

En el Monasterio Trinitario de Suesa (Cantabria), encontramos esta hermosa reflexión:

Trinidad

Así te descubro
en mi momento presente,
así te experimento:
Cercana,
en movimiento.
Urgida
por los márgenes,
por las personas que menos cuentan.
Conmovida
por cada Hija que yace herida
al borde de cualquier camino.
Empeñada
en curar toda herida,
cada espíritu atormentado.
Incansable
por los largos camino de la historia.
Imparable
en tu hora y en tu momento.
Así te descubro:
Trinidad cercana, urgida y conmovida.
Impredecible, imparable, incansable…
empeñada.

Personalizamos lo que nos sugiere el misterio de la Trinidad, y nos acercamos a él humildemente, conscientes de necesitar repetir con auténtica fe lo que muchas veces hemos hecho mecánicamente. Hoy, Señor, queremos ofrecértelo con una alegría especial: con una oración personal desde nuestro interior y con palabras sencillas:

“Creo en ti Dios Padre,
en Jesucristo, tu Hijo,
y en el Espíritu Santo.

Dios uno y trino.

Tú eres, Señor, aliento y alimento de nuestra vida”.

Santa Trinidad. El canto nuestro de cada día. José Manuel Montesinos.

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