Inmaculada Concepción. Inauguración del año de la Misericordia.

El pasado año en la Solemnidad de la Inmaculada Concepción y en el Acto de veneración, el Papa Francisco nos ofreció esta hermosa Oración, que hoy os invitamos a meditar y compartir:

Oh María, Madre nuestra,
hoy el pueblo de Dios en fiesta
te venera Inmaculada,
preservada desde siempre del contagio del pecado.

Acoge el homenaje que te ofrezco en nombre de la Iglesia que está en Roma y en todo el mundo.

Saber que Tú, que eres nuestra Madre, estás totalmente libre del pecado nos da gran consuelo.

Saber que sobre ti el mal no tiene poder, nos llena de esperanza y de fortaleza en la lucha cotidiana que nosotros debemos mantener contra las amenazas del maligno.

Pero en esta lucha no estamos solos, no somos huérfanos, porque Jesús, antes de morir en la cruz, te entregó a nosotros como Madre.

Nosotros, por lo tanto, incluso siendo pecadores, somos tus hijos, hijos de la Inmaculada, llamados a esa santidad que resplandece en Ti por gracia de Dios desde el inicio.

Animados por esta esperanza, hoy invocamos tu maternal protección para nosotros, para nuestras familias, para esta ciudad, para todo el mundo.

Que el poder del amor de Dios, que te preservó del pecado original, por tu intercesión libre a la humanidad de toda esclavitud espiritual y material, y haga vencer, en los corazones y en los acontecimientos, el designio de salvación de Dios.

Haz que también en nosotros, tus hijos, la gracia prevalezca sobre el orgullo y podamos llegar a ser misericordiosos como es misericordioso nuestro Padre celestial.

En este tiempo que nos conduce a la fiesta del Nacimiento de Jesús, enséñanos a ir a contracorriente: a despojarnos, a abajarnos, a donarnos, a escuchar, a hacer silencio, a descentrarnos de nosotros mismos, para dejar espacio a la belleza de Dios, fuente de la verdadera alegría.

Oh Madre nuestra Inmaculada, ¡ruega por nosotros!

En esta festividad de nuestra Madre Inmaculada, da comienzo el Jubileo Extraordinario de la Misericordia, bajo el lema: «Misericordiosos como el Padre», que el Papa Francisco ha convocado en la Bula Misericordiae Vultus.

El Papa justifica que coincida con la solemnidad de la Inmaculada Concepción porque «Después del pecado de Adán y Eva, Dios no quiso dejar la humanidad en soledad y a merced del mal. Por esto pensó y quiso a María santa e inmaculada en el amor (cfr Ef 1,4), para que fuese la Madre del Redentor del hombre. Ante la gravedad del pecado, Dios responde con la plenitud del perdón. La misericordia siempre será más grande que cualquier pecado y nadie podrá poner un límite al amor de Dios que perdona. En la fiesta de la Inmaculada Concepción tendré la alegría de abrir la Puerta Santa. En esta ocasión será una Puerta de la Misericordia, a través de la cual cualquiera que entrará podrá experimentar el amor de Dios que consuela, que perdona y ofrece esperanza

«El pensamiento se dirige ahora a la Madre de la Misericordia. La dulzura de su mirada nos acompañe en este Año Santo, para que todos podamos redescubrir la alegría de la ternura de Dios. Ninguno como María ha conocido la profundidad del misterio de Dios hecho hombre. Todo en su vida fue plasmado por la presencia de la misericordia hecha carne. La Madre del Crucificado Resucitado entró en el santuario de la misericordia divina porque participó íntimamente en el misterio de su amor».

Ella. Felipe Gómez.

Ella es la luz de mis estrellas, es la mano en el camino,
es la Paz en medio de mi guerra… solo es Ella.

Ella siempre inclina la balanza, de servir nunca se cansa,
sola puede con el peso de mi mundo,
en un segundo me devuelve la sonrisa
aunque el mundo vaya aprisa
puede detener mi tiempo y es mi sol.

No es una estatua grande y milagrosa, en el Cielo es tan hermosa
la mirada maternal de Dios.
No es una estampa antigua y adornada
que por mí no siente nada, es la Madre más llena de Amor.

Ella es la Madre de la vida,
ha sanado las heridas más profundas de mi corazón.
Ella es mi noche y es mi día,
la sonrisa del Mesías, el consuelo de mi Redentor.

Ella es mi Madre, mi María, mi latido y mi agonía,
solo es ella mi María, Madre mía…
solo es Ella.

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