1. MEMORIA VOLUNTARIADO BOMBAY AGOSTO 2017

      Mi nombre es Neus Mesquida y estuve de voluntaria en el Boarding “Regina Pacis Convent High School” situado en Bombay durante el pasado mes de agosto de 2017. La verdad fue una experiencia inolvidable, si me preguntaran si me impactó diría que sí, mucho. Si lo repetiría, también. Y qué si fue dura la experiencia, diría que más la vuelta; desde que he vuelto a España he llorado más de una vez pensando en la cómoda vida que tengo yo aquí en España y lo mal que lo han podido pasar muchas de las niñas con quiénes compartí mi último mes de verano.

El voluntariado lo realice juntamente con una amiga mía de toda la vida, quién me sirvió mucho de apoyo moral, porque sinceramente, en algunas situaciones lo puedes necesitar cuando viajas en un país tan distinto al nuestro y te topas con gente que tiene una historia de su vida realmente escalofriante. De hecho, la peor historia que he escuchado en mi vida fue durante ese voluntariado, cuándo visitamos la casa de una de las niñas que estaba en el boarding. Realmente era la casa de sus tíos, pero era dónde ella vivía, pues tal y como nos contó la hermana que nos acompañaba vivía con ellos porque su padre no había querido saber nada de ella ni de sus hermanos después de que su madre se suicidará, ahora lo peor, para suicidarse se prendió fuego con queroseno delante de su hija de ocho años. A pesar de que la historia era en inglés, cuando lo oí realmente se me encogió el corazón, hasta entonces pensaba que esto no era más que una expresión, pero realmente no es así, el corazón puede encogerse, y si lo hace duele, y mucho. No me eché a llorar porque estábamos en público, pero me dolió y en ese instante tuve una necesidad enorme de poder abrazar a mi madre, yo no soportaría vivir algo así. Juntamente con Aina y yo vino otra chica: Belén, unos años más jóvenes que nosotras, muy extrovertidos, de mente muy abierta y una amante de la música. La verdad que con ella congeniamos muy bien, aunque algunas veces me sentí un poco sobrepasada por ella cuando teníamos que organizar alguna actividad con las niñas, ella era como el centro de atención y yo pasaba en un segundo plano. Además de Belén, a la semana que llevábamos en Bombay llegó otra chica, era Imaya, unos años mayor que nosotras y la única de las cuatro con experiencia en realizar voluntariados internacionales; con ella también nos llevamos genial. La verdad, que hicimos un buen grupo las cuatro.

Ahora si, ya centrándome en el voluntariado, lo más que puedo decir, es que fue una lección de vida. Principalmente trabajábamos con las niñas que estaban en el boarding. Y ahora voy a hablar en presente, porque a pesar de yo ya estar de vuelta, las niñas siguen allí. En el boarding viven niñas de entre 7 años la más pequeña y 17 las más mayores, que provienen de familias humildes de la india, familias en su mayor parte desestructuradas y con muy muy pocos recursos. En el boarding se les ofrece una manutención completa y la posibilidad de cursar unos estudios. Nuestro trabajo allí consistía en estar con las niñas, estar en el sentido de que cada semana se nos asignaba a cada voluntaria, una niña a la mañana y otra a la tarde. Con cada una de ellas compartíamos una hora en la qué nos explicaban cosas acerca de ellas, su familia…Creo que eso es realmente útil para ellas, pues les da la posibilidad de tener la atención de alguien en exclusiva para ellas, lo cuál es muy importante en un ambiente en el qué les faltan sus figuras paternas que son un pilar básico para el desarrollo del niño, y también útil porque tenían la oportunidad de expresarle a alguien sus preocupaciones, sus sueños… tenían a alguien que les escuchaba. Además de tener esta hora individual con las niñas, también hacíamos clases de repaso: dos horas a la mañana con las niñas que iban a clase a las tardes, y dos horas las tardes con las niñas que iban a clase durante la mañana. El repaso, sinceramente, nos costó, porque el método de estudio de la India es muy distinto al nuestro. Le dan mucha importancia a la memoria más que al hecho de entender lo que estás estudiando. Intentando no salirnos de su línea de estudio les intentamos explicar de otras maneras, usando ejemplos, juegos… la materia que tenían que estudiarse. Realmente no conseguimos mucho cambio, pero yo por ejemplo, conseguí que dos niñas avanzaran mucho con las tablas de multiplicar haciendo una especie de “memory” con las tablas.

Otro problema con el que nos encontramos fue el de la lectura. En la India no se puede repetir curso hasta llegar al último que tienen una especie de selectividad; de tal manera, que muchas niñas avanzaban de curso sin afianzar los conocimientos previos, hasta tal punto que había niñas de 12 años que no sabían leer. Enseñar a leer a alguien en inglés es difícil porque la pronunciación es distinta a la escritura pero le intentamos poner empeño en que aprendieran, aunque a ellas no les gustará mucho esto de leer los textos, subrayar las palabras que no sabían leer y reescribirlas. No conseguimos grandes resultados pero alguna que otra palabra ya se aprendieron algunas niñas. La verdad que la satisfacción que sentías cuando alguna niña aprendía algo gracias a tu ayuda era algo indescriptible. Sinceramente, realizando este voluntariado también he aprendido a valorar más el trabajo de los maestros. Éstos son fundamentales para formar las futuras generaciones y el ser capaz de adaptarse a la necesidad de cada niño para no dejar ninguno atrás e innovar constantemente para hacerles más ameno el estudio, es algo realmente difícil. Sin embargo, lo que he echado un poco de menos ha sido el tiempo de ocio con las niñas. Considero que tenían muy poco tiempo para jugar, son niñas, y al fin y al cabo, el juego es parte de la infancia. A éstas niñas les falla muchísimo el juego en equipo y el deporte y son cosas que están totalmente olvidadas en el boarding. También me ha decepcionado un poco la organización. En el sentido de qué no puedo entender que le hagan estudiar el mismo tiempo a una niña de ocho años que a una de dieciséis. Me ha parecido que las niñas estudian muchas horas pero con muy baja productividad, porque no tienen ninguna recompensa, al igual, si estudiaran menos horas pero luego supieran que van a hacer algo de deporte, jugar juntas, hacer manualidades… aprovecharían más el tiempo, sería como una motivación.

Por otra parte, debo hablar de la relación que he mantenido con las personas del proyecto. Con las niñas, la relación ha sido muy fácil, no ha habido problemas de comunicación por el lenguaje y la verdad que están muy acostumbradas a recibir voluntarias que trabajan con ellas. Además de con las niñas, también hemos mantenido una estrecha relación con las hermanas de la casa de Bombay. Realmente, desde el minuto cero hasta que nos fuimos nos acogieron muy bien, y en todo momento nos sentimos, personalmente yo pero diría que todas, como si estuviéramos en casa. La verdad que la segunda y la tercera semana las hermanas estuvieron bastante ocupadas porque vinieron hermanas de otras casas, pero en todo momento sabíamos que si necesitábamos algo podríamos acudir a ellas y nuestras necesidades se vieron cubiertas al cien por cien.

La vida en la India es muy distinta a la nuestra. Cualquier persona que vaya a ir debe ser consciente de que las comodidades no serán las mismas. Antes de partir hacía Bombay la verdad que estaba un poco asustada en lo qué me iba a encontrar, pero al final, no resultó ser para tanto. La cama era de papel de periódico, no era un colchón viscoelástico de éstos que recuerda tu posición anatómica, pero se podía dormir bien (nunca en mi vida había dormido tantas horas como las que dormía allí); el móvil se tenía que cargar en el comedor pero unas horas sin móvil no hacen mal a nadie ( de hecho tengo un gran recuerdo de los días que estuve sin internet en el móvil); en la ducha si querías agua caliente tenías que llevarla en un cubo; y la comida… Por la comida yo si que iba asustada, nunca me ha gustado la comida picante y bien es sabido por todos que en la India se cocina con muchas especies, pero en la resi las hermanas siempre nos intentaban hacer algo menos picante para nosotras, aunque siempre probábamos un poco de todo. Lo único, que tan preocupadas estaban con que cogiéramos alguna diarrea, que nos daban tanto arroz blanco y plátano (literalmente todos los días) que nos pasó todo lo contrario.

En fin, es difícil resumir en unas líneas una experiencia tan intensa cómo ésta, pero en unas pocas palabras yo me quedo con la sonrisa de las niñas frente a las problemas que les ha dado la vida, me han motivado a seguir con mi carrera de medicina porque cuando sea médico seré útil para alguien; y me quedo con la ideología de la India y la frase que nos dijo la Hna. Flegy: “Los problemas vienen pero también se van”.

Neus Mesquida

Nos invita Neus a escuchar esta canción de Jorge Drexler y pedro Guerra, que viene a recoger su sentir en esta experiencia.

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