Perlegrinando en Perú

      Antes de nada me presentaré soy Miguel Perles Alabau, también conocido por “perlegrino”, soy laico marianista valenciano y tengo 31 años. Hace 6 años estuve todo un año entero en Perú, viviendo una experiencia de servicio y misión, pero comencemos a contar las cosas por el principio.

Don Tomás

Don Tomás, SM

    Soy antiguo alumno del colegio El Pilar, en Valencia, y allí conocí a Don Tomás, un religioso marianista que desde pequeños nos hablaba de las misiones, sobre todo las del Togo, con las que él colaboraba enviando dinero que ganaba vendiendo chucherías. Don Tomás despertó en mí esa llamada misionera, nunca antes había oído hablar sobre cómo vivía la gente en África, él pasaba por las clases leyendo las cartas que le enviaban desde África y yo le escuchaba sin perder detalle, imaginándome como sería aquella realidad. Fui creciendo y mi llamada misionera fue creciendo también, recuerdo un día hablar con Don Tomás y decirle que yo cuando terminara el colegio, me quería ir a las misiones, que quería ayudar a toda aquella gente de la que él nos hablaba, y él con su sonrisa constante me decía que yo era afortunado por haber nacido en aquí en España y tener la posibilidad de formarme y estudiar, que lo mejor era formarme al máximo, aprender todo lo que pudiera y luego, cuando terminara la universidad, si seguía teniendo esa llamada, darle respuesta.

     Mientras estudié en la universidad, estuve metido en varios voluntariados; de monitor de Xaire (el grupo de Fe del colegio), en la Cruz Roja, Cáritas… y seguí dándole forma a la llamada de la misión, que cada vez iba definiendo un poco más. Tenía claro que quería que fuera algo en contacto con la gente, con un carácter social, también me gustaría que fuera en una zona rural, de montaña, en lugar de en una gran ciudad, y por último quería un lugar donde la gente hablara mi lengua, reconozco que soy muy negado para los idiomas y no quería añadir esa dificultad. En el verano del 2008, viajé desde Lima hasta Bogotá, conociendo todo el norte de Perú, gran parte de Ecuador y el sur de Colombia. Unos meses antes había descubierto que la Familia Marianista tenía un proyecto llamado VIM (Voluntariado Internacional Marianista) destinado a que jóvenes vinculados a la familia; laicos, religiosos o religiosas, pudieran tener una experiencia de misión dentro de una comunidad marianista en otra parte del mundo. Yo busqué todas las que había entre Lima y Bogotá y aproveché aquel viaje para conocerlas. Cuando llegué Otuzco, me enamoró desde el principio, estaba en mitad de las montañas andinas, su labor era muy variada, se basaba en la evangelización rural, tenía una radio (chami-radio), pasé unos días allí y me cautivó. También estuve en un campo de trabajo en Quito, de la ong “Un techo para Ecuador”, construyendo una casa con la técnica de súper adobe, me lo pasé genial, pero yo prefería algo más social, un trabajo más directo con las personas.
    Regresé de aquel viaje en septiembre, pensando ya en mi regreso, y en el siguiente enero, un martes 13 (el día más barato) volé de nuevo rumbo a Otuzco.
    En España dejé muchas cosas, y no fue fácil… a Teresa (estaba de Erasmus en París), a mi familia, amigos, comodidades, costumbres, sabores… pero nada más llegar allí me sentí tremendamente acogido por toda aquella familia marianista. Primero en Lima, con Lily, Clara, Mayi y sus familias, por la comunidad del colegio Santa María y unos días después en Otuzco, con mi comunidad. Aquel año la comunidad la formamos 10 personas; José Luis e Isela con sus dos hijos Mariano y Sebas, Juan Carlos Manrique (un religioso sacerdote español que llevaba un montón de años en Brasil), Douglas (un religioso laico norteamericano encantador) y cuatro jóvenes laicos; Teresa, Susana, Jhon y yo. El mismo día que llegué a Otuzco me enviaron a uno de los caseríos, a Chagapampa, ya que en enero era el “periodo de misión”, y había gente distribuida por unos 15 caseríos alrededor de Otuzco. Nuestro trabajo era formar a los agentes de pastoral rural en la celebración de la palabra y preparar la liturgia de los sacramentos, donde se celebraban los bautizos, confirmaciones, bodas… Estuve hasta finales de enero allí, viviendo en la casa de los agentes de pastoral de Chagapampa, Teresa y Pepito.Perles
    Luego comenzó la vida en comunidad, los 10 juntos en la comunidad, con un horario oraciones diarias, a la mañana, a la tarde, a la noche, y un trabajo de visita a los caseríos, preparación de actividades, el programa “Buenas Nuevas” en la chami-radio por las tardes…
    La rutina en la comunidad era intensa, las visitas continuadas a los caseríos, donde todo el mundo te contaba sus vidas, te hacían partícipes de sus vidas. Una de las cosas que más me gustó fue el “hacer vida” junto a la gente de la sierra, si iban a cortar leña, a plantar, a construir una casa… yo les acompañaba como uno más (aunque es evidente que no tenía el aguante de ellos, que máquinas de trabajar!!).
    Fueron unos meses muy intensos, de formación personal (leí un montón, sobre el carisma marianista, historia de Perú, Doctrina Social de la Iglesia…) y sobre todo de encuentro y de compartir vida con las personas, recuerdo una reflexión que me hacía de vez en cuando y es que Jesús y la gente que le rodeó, sus costumbres, sus preocupaciones… seguramente se parecería mucho a toda aquella gente. Yo nunca antes había visto un grano de mostaza, nunca había paseado con un rebaño vigilando que no se perdiera ningún animal, nunca había lanzado semillas en un campo, nunca había trabajado en el campo hasta que me dolieran todos los dedos de las manos…
    Me gustaba fijarme en sus manos, ásperas, gruesas, oscuras, me imaginaba las manos de los apóstoles así, rudas de tanto trabajo acumulado.
    Una canción que escuchaba frecuentemente era “Señor toma mi vida nueva”, me gustaba canturrearla en los largos tiempo recorriendo los caminos entre unos caseríos y otros.
ALMA MISIONERA
    Una de las anécdotas más curiosas que me sucedieron fue que cuando vinieron mis padres a visitarme los llevé a Tambillo, uno de los caseríos, y una de las mujeres de allí le preguntó a mi madre “¿Señora y usted cuánto tiempo tiene de camino de su casa al puquio?” (el puquio es el lugar donde cogen el agua, era como un “manantial”), a mi madre le costó explicarle que ella en su cocina tiene un aparato por donde sale el agua.
    Otra anécdota curiosa, fue que en Chagapampa, en el suelo de la cocina tenían unosLos cui animalillos, los “cuy” son una especie de hamster (muy valorados en todo Perú), y la primera vez que fui me preguntaron cual me gustaba más… yo contesté un poco al tuntun, ese mismo que tiene una manchita marrón en el cuello, y la mujer de la casa, mientras lo agarraba por el cuello me dijo con un sonrisa “Muy bien, este es el que se comerá usted”.
    Han pasado ya varios años, pero sigo recordando a todas aquellas personas con las que coincidí aquel año, ojeo de vez en cuando la web de la comunidad http://buenconsejo.marianistas.org/ escuchando el programa on-line en chamiradio http://www.chamiradio.org.pe/
    Fue un año, y sobre todo muchas personas que se quedaron grabadas en mi corazón, y que recuerdo con gran cariño.
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Acerca de Noelia

Buscadora incansable, en lo cotidiano, de los pequeños detalles que hacen la vida bonita. Enamorada de mi vocación, mi pasión por educar. Miembro del Equipo Ágora Marianista, una familia.

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