“Sed compasivos como vuestro Padre es compasivo” (Lc 6, 36)

El Apóstol San Pablo decía que ser compasivos es “reír con los que ríen y llorar con los que lloran”.
Sentir compasión de alguien no es lo mismo que sentir lástima de él, de ella. Es mucho más intenso que la empatía, pues con la compasión además estamos intentando aliviar las emociones del otro.
Cuando somos solidarios estamos siendo compasivos.

Para ser compasivos es necesario abrir las manos, es necesario darse y acoger. Hay una canción de Alberto y Emilia (Brotes de Olivo) que describe perfectamente ese darse. Te invitamos a escucharla:

Manos Abiertas

Si se cierran se vuelven un puño,
que amenaza, que irrita y golpea;
pero si abres los dedos se vuelven
manos abiertas,
que acarician, piden y trabajan
y que adoptan un gesto de espera,
que saludan, que invitan y dan,
manos abiertas.
Si son puños se vuelven frontera
que te aisla del resto del mundo;
pero si abres tus manos son puentes,
manos abiertas,
manos limpias que no ocultan nada
cuando ofrecen amistad sincera,
manos llenas de amor y sudor,
manos abiertas;
manos llenas, manos incansables
que derrochan consuelo en las penas,
manos fuertes, manos con calor,
manos abiertas,
que se aferran a otras con fuerza
derribando los muros del miedo
y comparten risas y dolor,
manos abiertas.

Share Button

Acerca de Noelia

Buscadora incansable, en lo cotidiano, de los pequeños detalles que hacen la vida bonita. Enamorada de mi vocación, mi pasión por educar. Miembro del Equipo Ágora Marianista, una familia.

¿Cómo lo ves?

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *