Todos podemos ser Reyes Magos

“Al ver la estrella, se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa, vieron al niño con María, su madre, y cayendo de rodillas lo adoraron; después, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra”. (Mt 2, 11-12)

Oro, por Su realeza. Incienso, por Su Divinidad. Mirra, por Su grandísima humanidad.

Ya están aquí, ya han llegado. Los niños no pueden evitar su nerviosismo, los adultos nos escondemos tras una capa de ilusión de la mano de la emoción. Son los Reyes Magos, y son majos… muy majos.

Están detrás de las manos que acogen , abrazan y consuelan. Estás tras las risas que acompañan al humor de tantos como lo regalan. Están en ti, y en mi. Todos podemos ser Reyes Magos.

Hace unos días el papa Francisco tuvo a bien abrir la Puerta Santa en Centro África, país azotado por las balas pero a su vez amado por tantos como por él dan la vida. Juan José Aguirre, Obispo de Bangassou, tras la visita del Papa Francisco escribía así: “Gracias porque nos has dado valor y esperanza, porque no te callaste, porque miraste a la cara a los pobres, porque abriste la Puerta Santa de la Misericordia enseñándonos un carril prioritario, diferente del resto de la Iglesia, para ir más rápido hacia Sus Manos, experimentar su amor, y nos pediste que lo repartiéramos después, en forma de gestos de reconciliación. Nos enseñaste un camino, nos mostraste cómo salir de hoyo, del laberinto en el que estamos… Cuando, después de la foto ritual en la Nunciatura, te cogiste a mi brazo para subir los escalones, sentí tu fuerza, no tanto física, sino sobre todo humana y espiritual.  Bromeamos contigo en la comida con los Obispos cuando te enseñamos dos palabras en sango: ndoyé y siriri. Las repetiste a los jóvenes de la vigilia de oración 3 horas después: ‘Empapad vuestra vida de amor y paz'”

Si, si. Todos podemos ser Reyes Magos, todos tenemos la capacidad de ofrecer oro, incienso y mirra. Solo se trata de atreverse a mirar más allá de nuestro ombligo y dejarse acompañar por la magia. Quizá, ese día en el que olvidemos que no estamos solos en el mundo, un niño sonría y entienda, entonces, que la Vida está hecha para disfrutarla.

No perdamos la esperanza, la magia existe y está ahí esperando ser transmitida por nosotros. ¿Te atreves?

Únete a la estrella, lleva la esperanza allí donde vayas.

¡Feliz Epifanía!

Una mágica noche de ilusión y alegría
un trío de hombres sabios contemplaba una estrella,
en el cielo el lucero dibujaba una huella
por sagrados senderos de fervor y armonía.
Encontraron un Niño, la noche se hizo día,
los hinojos hincaron, ante la visión bella
de Jesús entre pajas y su Madre doncella,
le entregaron presentes, nació la Epifanía.
En tropel el gentío al Portal se acercaba,
para adorar al Niño de semblante inocente
que, entre un buey y una mula, feliz se calentaba.
Salieron en silencio, sonriendo dulcemente,
desde el pobre pesebre el Niño les miraba
… y los tres Reyes Magos regresaron a Oriente.

Francisco José Briz Hidalgo

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Acerca de Noelia

Buscadora incansable, en lo cotidiano, de los pequeños detalles que hacen la vida bonita. Enamorada de mi vocación, mi pasión por educar. Miembro del Equipo Ágora Marianista, una familia.

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