Una vida apasionante

“Sí, quiero”, “Prometo”… Entre respuesta y respuesta veía las caras de emoción de mis familiares y amigos. La catedral estaba llena. Los nervios de las horas previas habían desaparecido. Entonces tuve una sensación increíble. Una especie de certeza interior me aseguraba que Dios había conducido mi vida hasta ese momento.

Me llamo Juan y el pasado 21 de octubre viví uno de los días más bonitos que recuerdo. Junto a mis compañeros Gerardo, José Manuel y José Carlos, fui ordenado diácono por el Obispo de Málaga. Después de casi seis años de formación en el Seminario Diocesano, donde me preparo para ser cura, éste ha sido un paso importante. Por un lado, anuncia el final de una etapa de formación, que culmina con la ordenación sacerdotal el próximo mes de junio. Y por otro lado, es un sacramento que compromete y marca mi vida de aquí en adelante: ser diácono significa ser servidor. Desde el día que fui ordenado, mi vida está al servicio de la Iglesia. Un servicio que, como diácono, se concreta: atendiendo las necesidades de los más pobres, anunciando la Buena Noticia de Jesús y acompañando momentos tan importantes en la vida de las personas como son el bautismo, el día de su boda o la muerte de un ser querido.

He empezado recordando la celebración en la que fuimos ordenados, intentando expresar lo que es difícilmente expresable: la experiencia de haberme sentido llamado por Dios a esta forma de vida. Cuando alguien dice que Dios le llama nos resulta extraño. ¿Dios llama? ¿Cómo? ¿Para qué?… Con la expresión “llamada de Dios” nos hemos montado muchas películas. Dios llama, sí, pero no por teléfono ni armando espectáculos. Nos habla de muchas maneras: a través de acontecimientos de la vida, a través de personas, a través de su Palabra… En mi caso, Dios se valió de la gran familia salesiana y del Seminario Menor para ir despertando en mí la inquietud por ser cura. Fue esa inquietud que no cesaba la que me hizo plantearme que, tal vez, el plan de Dios para mi vida era ése y no otros que a mí me parecían más lógicos. El tiempo le ha dado la razón. Y a mí una lección que comparto con vosotros: Dios sueña para cada uno de nosotros una vida apasionante, no tengamos miedo a descubrirla y apostarlo todo por ella.

El día de la ordenación fue un regalo. Una de esas experiencias que te hacen ver la vida con perspectiva y agradecer a Dios que haya puesto tanta gente buena en el camino. Os pido que recéis por mí, porque esta aventura no ha hecho más que comenzar.

Gracias a todos, en especial a Josefa, por la oportunidad de compartir mi humilde testimonio por este medio. Me despido con una canción que me encanta. Ojalá nos anime a todos a renovar nuestro SÍ a la vida que Dios nos ofrece.

Juan Baena Raya

Aquí estoy yo – Jesús Adrián Romero – Video Oficial

No quiero perder las cosas que me quedan por hacer,

las cosas que me quedan por vivir en Ti.

No quiero olvidar las cosas que planeaste para mí,

los sueños que me diste lograré por Ti.

No tienes que buscar a nadie más yo quiero ir,

aquí está mi tiempo, aquí están mis horas.

//Aquí estoy yo//

Mi vida es para Ti y en Ti la quiero yo invertir.

Aquí están mis manos, aquí está mi voz.

//Aquí estoy yo//

Listo quiero estar, los dones que me diste voy usar,

los años que me has dado viviré por Ti.

Voy a conquistar la tierra que me diste

y sin dudar, haré lo que me pidas viviré por Ti.

No tienes que buscar a nadie más yo quiero ir.

Aquí está mi tiempo, aquí están mis horas.

//Aquí estoy yo//

Mi vida es para Ti y en Ti la quiero yo invertir.

Aquí están mis manos, aquí está mi voz.

//Aquí estoy yo//

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