Voluntariado en el “Proyecto Cárcel. Atención individualizada”, de Cáritas Zaragoza

julgar-apontarEn este Proyecto estamos actualmente 12 voluntarios (9 mujeres y 3 varones) y una técnico contratada. El Proyecto ha superado ya los 20 años de existencia; de él partieron los pasos para crear en la Diócesis de Zaragoza la “Delegación Diocesana de Pastoral Penitenciaria”. Y este Proyecto Cárcel, siendo un Proyecto Especializado dentro del organigrama de la Cáritas Diocesana de Zaragoza, está también incardinado en esa Delegación de Pastoral Diocesana Penitenciaria. Somos “diocesanos” por todos los costados.

Somos “Cáritas”, por tanto, participamos en la atención “a uno de estos mis hermanos menores”, al igual que lo hacen todas las personas de Cáritas, desde el convencimiento del amor, ternura y misericordia recibidos de Dios, y de nuestra respuesta con el amor, ternura y misericordia con estos hermanos menores.

Están privados de libertad: la justicia legal les ha condenado a una pena de prisión, que están cumpliendo según una reglamentación penitenciaria, y siempre sujetos a la vigilancia judicial penitenciaria. Sus delitos pueden ser muy variados, tantos como posibles quebrantamientos a las normas de convivencia que cada día nos vamos imponiendo; y allí están incluidos los homicidios (con numerosos calificativos: voluntario, involuntario, terrorista, de violencia de género,…), la pederastia, las violaciones sexuales, tráfico y consumo de drogas, infracciones graves de tráfico; y muchos otros delitos, que la autoridad judicial ha instruido y sentenciado.

Cada preso visitado es “uno de estos mis hermanos menores”. A veces me he preguntado si Jesús, al hablar de “estaba encarcelado y vinisteis a verme”, pensaría sólo en quienes iban a sufrir persecución por la justicia, e iban a ser injuriados, perseguidos y calumniados por su causa. Pero, Jesús es quien busca a la oveja perdida, quien nos pide perdonar hasta setenta veces siete, quien dice “yo tampoco te condeno”, o exclama “¡Padre, perdónales porque no saben lo que hacen!”.

Si queremos responder a la ternura y misericordia que Jesús nos da, y que nos pide seamos perfectos como su Padre lo es, entonces no podremos hacer distinción entre los que están presos y solicitan nuestra presencia; no discriminamos entre el que, por dinero, hace un viaje a Sudamérica para traer droga, o quien ha matado para robar, entre quien tiene que robar para satisfacer su adicción o abusa de un menor, entre quien provoca un accidente mortal bajo efectos de esa adicción o quien termina matando a la mujer violada. Dicho esto así, parece brutal, inhumano; y casi merecedor de que, como voluntario, experimentara todo ese sufrimiento causado por alguno uno de esos delitos más despreciados.

Pues cada preso, sin distinción de delito, creemos que es “uno de estos mis hermanos menores”. Y nos acercamos a ellos, en principio, viendo en cada uno de ellos al hermano que también debe ser consciente del amor, ternura, misericordia y perdón del Buen Pastor que va detrás de la oveja perdida. “Yo tampoco te condeno, no peques más”.

Por ello, nuestro “Acompañamiento individualizado” busca “facilitar que las personas presas encuentren su propia dignidad y valoración personal. Acompañarlas en su proceso de cambio, compartiendo sus necesidades y dificultades”. Es un acompañamiento largo, como largas son sus condenas. Escuchamos, miramos a los ojos, creamos espacio de confianza y de fraternidad, de amistad; son nuestros hermanos, son “unos de esos mis hermanos menores” de Jesús. Si en mi vida experimento la misericordia y ternura de Jesús, yo le amo a Él personalmente en cada uno de ellos.

dame-tu-manoNosotros, como voluntarios de Cáritas en este Proyecto, hemos de ir imbuyéndonos de este espíritu evangélico. Nos reunimos todas las semanas, los lunes, durante dos horas; comentamos experiencias de los acompañamientos, buscamos diferentes temas de formación de cara a estos acompañamientos. Solicitamos la presencia de formadores e informadores en muy variados campos: legales y penitenciarios, psicológicos y educativos, sobre extranjería y administrativos, pastorales.

Una voluntaria (o voluntario) nueva tardan semanas y meses en entrar en cualquiera de las dos prisiones a las que acudimos, las de Zuera o Daroca; vamos preparándonos con paciencia en esas reuniones de los lunes, y, al entrar en el Equipo, ya conocemos que va a ser así.

En nuestra problemática de Equipo debemos conjugar y acompasar con delicadeza esta prolongada espera. Hay otras dedicaciones en el Proyecto que son necesarias y a las que podemos irnos integrando: responder a las cartas que nos envían personas presas (acompañadas dentro o no), hacer acompañamientos en el exterior de la prisión en días de permisos penitenciarios (de 3, 4 ó 6 días) o en el tercer grado y libertad; felicitar a cada persona acompañada en su cumpleaños o Navidad; contactar con sus familiares e incluso restaurar contactos perdidos (si fuera posible o conveniente). A veces no ha sido posible este “acompasamiento” y el o la voluntaria ha dejado el Proyecto cansada de la espera; surge ese conflicto interno ante estas marchas, y nos replantean constantemente un mejor y más delicado acompañamiento a cada nueva incorporación.

: cada acompañado (sin distinción de delitos) ha perjudicado o hecho daño a su víctima. Y las víctimas también están muy presentes en este Proyecto de Cáritas. En el acompañamiento al preso, en las múltiples veces en que nos vemos con él, “puede” ser lento el camino hacia un proceso de cambio; pero este cambio debe suponer siempre un reconocimiento del daño causado, y la valoración y dignidad de la persona dañada.

Y entraríamos en el planteamiento de “otra Justicia” que atendiera, desde el principio de la Instrucción Judicial, a la dignidad y valoración de la víctima de forma esencial. Y esa “otra Justicia posible” es la Justicia Restaurativa, que busque la mejor restauración del daño ocasionado a la víctima.

Y termino este comentario planteando otra preocupación y problemática social. Me duele mucho el dolor de las múltiples víctimas ocasionadas por cualquier forma de barbarie y sinrazón humanas; y, en el ámbito español, las víctimas de pederastia, violencia de género o violación. Pero me duele igualmente el trato de “alimañas” y términos despersonalizantes contra los causantes de esos delitos. También a estos últimos me acerco, considero personas capaces de cambio, y ellos son también algunos de “esos mis hermanos menores”. Hemos acompañado a María en la muerte de Jesús; y hemos escuchado al pie de la cruz ese “¡Padre, perdónales, que no saben lo que hacen!”. Desde el perdón, y la posible reconciliación, rehacemos mejor nuestras vidas dañadas por el pecado, por el corazón pecador de la persona.

“Justicia Restaurativa”, y también (y sobre todo), para mí, el EVANGELIO de Jesús.

Julio Batalla, voluntario del Proyecto.

Cáritas Zaragoza. Boletín informativo nº 57. pdf

Cáritas Diocesana de Zaragoza. Proyecto cárcel.

SALMO 26 I

Confianza en Dios ante el peligro

El Señor es mi luz y mi salvación,
¿a quién temeré?
El Señor es la defensa de mi vida,
¿quién me hará temblar?

Cuando me asaltan los malvados
para devorar mi carne,
ellos, enemigos y adversarios,
tropiezan y caen.

Si un ejército acampa contra mí,
mi corazón no tiembla;
si me declaran la guerra,
me siento tranquilo.

Una cosa pido al Señor,
eso buscaré:
habitar en la casa del Señor
por los días de mi vida;
gozar de la dulzura del Señor,
contemplando su templo.

Él me protegerá en su tienda
el día del peligro;
me esconderá en lo escondido de su morada,
me alzará sobre la roca;

y así levantaré la cabeza
sobre el enemigo que me cerca;
en su tienda sacrificaré
sacrificios de aclamación:
cantaré y tocaré para el Señor.

Franciscanos. Salmo 26I

La primera piedra. Salomé Arricibita.

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