Amar lo que se cree: la fe del corazón

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«Hay que amar lo que se cree; la fe, y sobre todo la fe del corazón, es un gran don de Dios; por ello siempre necesitamos decir: Señor, auméntanos la fe». Beato Guillermo José Chaminade. (Cartas, n. 164).

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Ya que en el próximo mes de julio daremos el paso y la bienvenida al apartado de miradas a la misión, míraLES,  hemos querido terminar esta etapa de Hágase en la mirada a la oración, míraLE, con esta hermosísima frase del Beato Chaminade, que se transforma en toda una base y cimentación para vivir nuestra fe.

Lo hacemos de la mano y con la colaboración inestimable de Antonio González Paz, sm:

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Amarloquesecree

Nos dice Antonio que «Solo se puede amar lo que se cree» pues es lo que nos lleva a dar sentido a nuestra vida de creyentes. Cuanto más profundizamos en el conocimiento es cuanto más amamos, y el enfoque que nos propone es el de hacer oración con el Credo manifestando la fe arraigada en el corazón.

La experiencia es decisiva en el encuentro con Jesús. Cuando uno se siente radicalmente amado, incondicionalmente aceptado, absolutamente perdonado, infinitamente querido por Dios, entonces uno se fía de Él, y eso es la fe: Yo creo, pongo mi vida en tus manos porque yo he sentido esto, no porque me he aprendido fórmulas que me han transmitido. La fe como una experiencia vivida, personal, decisiva, profunda, siempre en continuo proceso…

En los Hechos de los Apóstoles se vive y se entiende cuando esto se hace en el marco de un grupo donde uno comparte, revisa y estimula libremente la fe; de ahí el empeño en crear comunidades cristianas donde se siga viviendo a fondo. Chaminade descubrió en María a la primera de las creyentes, la primera seguidora de Jesús, el prototipo de la Iglesia, y quiso ofrecer sus débiles servicios para que ella continuara en su misión de educar en la fe a los nuevos creyentes. Va a repetir siempre: «Lo esencial es lo interior». Solamente hombres y mujeres con una profunda vida interior, con una fe bien alimentada, podrán vivir sin defensas en la vida corriente.

Lo profundoAntonio Oteiza

Antonio Oteiza. Lo profundo. Comunidad marianista Valencia. s XX

Cuando uno se acerca a un pozo, lo primero que ve es el brocal, pero el brocal no es importante. Puede gustar por su sencillez… un brocal renuncia a lo único importante: el agua que encierra. La mano de Chaminade invita a entrar adentro, a no quedarse en la superficie. Sobre el brocal, el cubo lleno de agua. Lo que uno tiene dentro no es para sí mismo, sino para ofrecer a los demás y dar de beber al sediento.

Va a hablar de la fe del corazón, entendiendo el corazón en una doble acepción. El corazón en el lenguaje habitual lo empleamos como sinónimo del mundo afectivo, y la fe del corazón toca el mundo afectivo pero también el corazón en la Biblia. Es lo más profundo del hombre, lo más íntimo. Cuando la fe te toca a dos niveles, en el núcleo de la vida y también en el núcleo afectivo, entonces se convierte en algo que te motiva, que transforma toda existencia. Por eso, es clave que vivamos en la fe desde la fe que toca la vida y no se queda en la superficie. Se trata de que las cosas no pasen, sino que me pasen y me traspasen. Es fundamental que lo que vamos viviendo no resbale sobre la roca del entorno, sino que penetre, que lo reflexione, lo saboree, le saque jugo. Entonces, va dejando poso en la vida y cuando eso se contrasta con el Evangelio, va dejando poso cristiano, te va ayudando a crecer en la fe. Es, por tanto, una fe arraigada en el corazón, una fe que lo que hace es vivir la vida con intensidad contrastada con el Evangelio y procurando ajustar la conducta a la vida. Una fe que pasa de la cabeza al corazón y del corazón a las manos: pensar como Jesús, amar como Jesús, actuar como Jesús. Yo creo que esa es la clave de ser creyente. La fe tiene que tocar lo nuclear de la existencia.

Es muy importante vivir como tres dimensiones de la fe que nos ayudarán a ir equilibrando todas las cosas. Una primera fe que llamaríamos la fe de la razón. Es importante tener la cabeza bien amueblada porque no podemos justificar las cosas si realmente no las hemos pensado. La fe no se puede razonar pero no es irracional. Hay muchas cosas que nos exigen una formación adecuada al nivel del conocimiento que uno tiene, tiene que ser una fe formada. Solamente así podremos dar razón de nuestra esperanza, de nuestro comportamiento.

La fe del corazón, que nos hace una incitación cordial a amar lo que se cree y esto nos hace gustar, degustar, entrañar las cosas. Amando lo que se cree se puede llegar a interpretar el mundo a la luz del Evangelio. La fe del corazón nos capacita para percibir los signos de los tiempos, las actitudes que ayudan a construir el Reino y aquéllas que son contrarias, para que no nos callemos y las denunciemos. De esta capacidad de ver y de interpretar el mundo a la luz del Evangelio, brota la disposición y la capacidad de actuar desde la fe, y uno va intentando actuar en coherencia con lo que cree y con lo que ama.

Y la tercera dimensión es lo que llamamos el espíritu de fe, que es la consecuencia de todo lo anterior. Es esa mirada luminosa sobre la vida, la mirada de Dios sobre las cosas, la mirada del Evangelio que se va escribiendo poco a poco. Hay que evangelizar la mirada, que es ajustar la pupila a la intensidad de la luz, del que es la Luz del mundo. Esto te permite percibir la vida y las cosas desde la fe.

No son tres etapas, son tres dimensiones que hay que vivir a la vez y en equilibrio, evidentemente dependiendo de los temperamentos, habrá gente que desarrollará más unas que otras. Lo importante es que todos intentemos caminar en ese equilibrio.

Una fe así nos va conduciendo a una vida cristiana auténtica, con nervio, con alegría, con consistencia y con capacidad de contagio. Uno no puede dejar de hablar de lo que ha visto y oído. Uno se convierte en un misionero, en un evangelizador, no porque «toca», porque tengo que… No, no. Si lo tienes que hacer, no lo hagas si no te sale de dentro; porque el que ha descubierto un tesoro no se lo puede callar y tiende a transmitirlo con sus palabras o con su talante vital.

Vivir desde la fe se traduce en el amor al mundo, en el amor a la historia, en el amor a los demás, el amor a sí mismo. Un amor que se da y se recibe, que se expresa, que se acoge y que se empeña también en transformar el mundo de acuerdo con el Evangelio.

Antonio González Paz, sm

Brotes de Olivo. Si no tengo amor. Cómo te podré pagar.

 

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¿Cómo lo ves?

  1. ME ENCANTA CÓMO TRABAJÁIS EN RED.
    A VECES NO PUEDO ENTRAR EN VUESTRA WEB, PERO VEO CÓMO VAN SUBIENDO MATERIALES TODOS LOS QUE ESTÁN -HACIENDO- Y ES POSITIVO COMPARTIRLOS.
    GRACIAS Y FELIZ VERANO

  2. Profunda meditación sobre lo que debemos vivir con nuestra Fe.
    Hoy más que nunca deseo ser transparente, tener claro y dar a conocer ese Don de la Fe.
    ¡¡Muchas gracias por ella!!

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